Sumarse a una Nueva Empresa y Hacer un Trabajo Manual


Hoy nos comparte Rosy su experiencia dentro del Taller de la Abuela:

El tiempo cambia la vida de las personas y sus perspectivas, y  lo que antes era algo imposible o irrelevante, de pronto resulta atractivo, placentero y hasta gratificante.  Al menos así ocurrió conmigo al integrarme al grupo del ahora Taller de la Abuela para hacer moños

Desde que estudiaba la carrera a la que más tarde me dediqué profesionalmente, tenía un prejuicio sobre las labores manuales como si éstas se contrapusieran al desarrollo intelectual, mucho, esto es cierto, por una idea generacional acerca de las oportunidades que se abrían para las mujeres fuera del ámbito doméstico. Por mucho tiempo el trabajo, el hogar y la familia fueron el eje de mis quehaceres diarios.

Los años pasaron y por esas vueltas que da la vida, luego de trabajar fuera de la Ciudad de México y alejada de la familia por la distancia, al regresar aprecié cada momento y cada gesto que me hiciera sentir cerca de mi gente querida y parte del círculo mágico de su afecto. Cuando mi hermana me contó su intención de crear una empresa, hacer moños y venderlos, me encantó poder ser parte de esta nueva aventura. Y se me olvidaron mis perjuicios sobre el trabajo manual.

Pero no fue fácil, descubrí que cerca de los 60 años y desempleada y sin un trabajo formal a la vista, hacer algo en lo que me sintiera poco adecuada o de plano incapaz, no me gustaba nada y, por el contrario cuando resulté bastante habilidosa para coser  los moños y también cerrarlos, ayudó a restablecer mi confianza, mi utilidad y sentido de pertenencia.

Hacer moños en grupo y participar en reuniones de mujeres, compartir complicidades, experiencias, confidencias, chistes y hasta enojarse ha enriquecido mi vida de manera muy natural y además en estos 5 años he confirmado que diversificar los intereses de vida y dedicar el tiempo a la gente y a las cosas que realmente me importan, vale la pena.

Acabo de leer un artículo de un neurólogo a quien le diagnosticaron metástasis en el hígado, luego de nueve años de superar un cáncer raro en el nervio ocular. Oliver Sacks, científico y afamado escritor, publicó en febrero de este año un artículo para despedirse de sus amigos, de la comunidad científica y del mundo en general y habla de cómo va a ocupar su tiempo hasta su deceso. Él murió este domingo.

Me impactó. La existencia de Google, Facebook, o de las redes sociales, es una maravilla de este tiempo. Cierto que, se han llenado de basura, pero también de información valiosa, como este artículo sobre una experiencia de vida de un hombre de 82 años que, como él mismo dijo, aprovechó su tiempo de la mejor manera: amó y trabajó intensamente. Luego, en tanto llegaba la hora de su muerte, decidió vivir el tiempo que le quedaba  de la manera más rica, intensa y productiva que pudiera.

El académico se describió a sí mismo como “un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura”.

A estas alturas del texto seguro mi prima Laura ya pensó “la perdimos”, pero no, la despedida tan hermosa de este científico me hizo pensar en la comunidad del moño y cómo quienes pertenecemos a ella vivimos cada viernes con gusto, compartiendo trabajo, vivencias, sabiduría e ignorancia, pero sobre todo con el gusto y alegría de estar juntas, creando recuerdos en forma de hermosos moños para niñas.
Rosa Martha Carreras

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